¿Estoy preparado? Una autoevaluación
Estar preparado tiene poco que ver con la experiencia. Hazte seis preguntas, con sinceridad:
- ¿Puedo nombrar lo que me atrae? Bastan una o dos cosas: la inmovilización, la severidad, un rol concreto.
- ¿Puedo nombrar lo que no quiero? Un solo no claro vale más que una larga lista de síes.
- ¿Lo hago por mí? No porque me haya empujado una pareja, un reto o un foro.
- ¿Vendré sobrio y puntual? Ambas cosas son condiciones, no gestos de cortesía.
- ¿Usaría la palabra de seguridad? Detener una sesión no es fracasar en ella.
- ¿Puedo aceptar que no llevo el timón? Dentro de los límites que acordamos, el contenido y la intensidad los decido yo.
Si puedes responder a estas preguntas, estás preparado, aunque no tengas ninguna experiencia. Debes ser mayor de 18 años y puedo pedirte una prueba de edad.
La preparación: deseos, límites y qué traer
Casi toda la preparación se hace por escrito. En el Safe Room mantienes un perfil con tu experiencia, tus deseos y tus límites, además de una lista de deseos con las prácticas. Rellénalo bien: nos ahorra una larga entrevista y me permite dar forma a la hora antes de que llegues.
La salud también va ahí: problemas de corazón o de circulación, epilepsia, alergias (conviene mencionar el látex), lesiones, medicación. No pregunto por curiosidad: cambia lo que hago y cómo lo hago.
Después viene la parte práctica: elige el tipo de sesión y la hora, reserva la sala del estudio y envía tu solicitud. Los pasos, las tarifas y el anticipo están explicados en precios y reserva. El día de la sesión, trae el resto en efectivo, la confirmación de la sala que te da el estudio y tu documento de identidad, por si te lo pido. No traigas un guion: el visitante que ensaya suele observarse a sí mismo en lugar de escuchar.
La conversación previa y la declaración
Antes de cada sesión acordamos tus límites y una palabra de seguridad. La conversación empieza con tu solicitud y tu perfil, y termina en los primeros minutos en la sala, donde te repito lo que he entendido.
Cada solicitud te pide, además, que aceptes mi declaración de consentimiento, salud y responsabilidad. Es un texto jurídico alemán; la página incluye una traducción al inglés, pero la versión alemana es la vinculante. No marques la casilla a ciegas. Dicho con palabras sencillas, confirmas que:
- eres mayor de 18 años, participas por tu libre voluntad y no estás bajo los efectos del alcohol, de drogas o de medicamentos que afecten a tu juicio;
- gozas de buena salud o has comunicado de antemano todo lo que desaconseje tu participación;
- entiendes que el BDSM puede dejar enrojecimiento o hematomas y despertar emociones fuertes, a veces de forma diferida;
- tu consentimiento cubre solo lo que hemos hablado y puedes retirarlo en cualquier momento, también durante la sesión;
- usarás la palabra de seguridad o la señal y avisarás de inmediato si sientes un dolor inusual, entumecimiento o mareo;
- eres responsable de lo que me cuentas, de tu viaje y de tus pertenencias.
La declaración se rige por el derecho alemán y en ella misma consta que no puede excluirse la responsabilidad por dolo, por negligencia grave ni por lesiones causadas por negligencia.
La sesión, minuto a minuto
No hay dos sesiones iguales, pero el marco de una primera hora es siempre el mismo.
- Llegada. Llegas puntual y, una vez dentro, apagas el teléfono. Lo primero es entregar el resto en efectivo, para que el dinero no nos siga en lo que viene después.
- Los primeros minutos. Cara a cara, repaso tus límites y la palabra de seguridad y te pregunto si algo ha cambiado desde que escribiste: tu salud, tu estado de ánimo, una espalda agarrotada. Luego el tono cambia, y notarás cuándo.
- El núcleo de la hora. Yo marco el ritmo, al principio más lento de lo que esperas, porque te estoy leyendo: tu postura, tus manos, cómo recibes una orden. La intensidad sube escalón a escalón, no a saltos, y voy comprobando cómo estás sobre la marcha.
- Los últimos minutos. La intensidad va bajando. Tienes tiempo para recomponerte, vestirte sin prisa y decir lo que necesites decir.
La hora concluye en el momento acordado. No se fotografía ni se graba nada sin un acuerdo previo. Las palabras alemanas que puedas oír, como Herrin o Erziehung, se explican en términos BDSM.
Higiene y llegada al estudio
Ven aseado: recién duchado, con las uñas cortas y limpias, sin aftershave intenso. En una sesión estamos cerca, y llegar bien cuidado es la primera señal de respeto. La higiene es cosa de ambas partes, y yo cumplo la mía con la misma exigencia.
La sesión tiene lugar en el Studio 60 de Múnich; la dirección exacta te llega cuando haya confirmado la cita y haya recibido tu anticipo. Si estás de viaje, cómo llegar desde tu hotel, el recinto ferial (Messe München) o el aeropuerto lo encuentras en mi página principal. Si vas a llegar tarde, escríbeme antes de la hora de inicio, no después.
Después: cuidados posteriores y sub drop
Una sesión no termina con la última orden. Los cuidados posteriores son el tiempo en el que vuelves de un estado fuera de lo común a la normalidad, y no te meto prisa. Los visitantes suelen marcharse callados, a veces con las emociones extrañamente a flor de piel; ambas cosas son normales.
Lo que algunos no esperan es el drop: horas o un día después, puede llegar sin previo aviso un ánimo apagado o inquieto. Es un efecto posterior conocido de las experiencias intensas, no una señal de que algo haya salido mal. Lo que te sugiero:
- Deja el resto del día libre de obligaciones exigentes.
- Come algo, bebe agua, duerme.
- Si has llegado conduciendo, quédate sentado un rato antes de ponerte al volante.
- Si vuelas a casa a la mañana siguiente, cuenta con que ese ánimo te encuentre en la puerta de embarque más que en el estudio, y dale espacio.
Si algo te sigue rondando, escríbeme a través del Safe Room o en nuestro chat. Cómo paramos cuando algo no va bien lo explico en límites y seguridad.