En qué consiste el pegging
La palabra viene de la jerga inglesa y describe, sin más, a una mujer que usa un strap-on. Pero lo que atrae de esta práctica rara vez es el cuerpo. Es la inversión: dejas un papel que parecía fijo y asumes otro en el que esperas, recibes instrucciones y te dejas llevar.
Por eso, en mis sesiones, el strap-on nunca es un simple objeto. Forma parte de una secuencia que dirijo yo: si te dejo ver cómo me lo pongo o te hago apartar la mirada, lo que te digo y los silencios entre una cosa y otra. En los anuncios en alemán también aparece como Strap-on o Pegging; la preparación gradual a lo largo de varios encuentros suele llamarse Analtraining.
El tamaño sigue a la experiencia
Hay una regla que va antes que todo lo demás: el tamaño sigue a tu experiencia, no a tu ambición. Quien viene por primera vez empieza con un tamaño pequeño. Solo avanzamos cuando el paso anterior resulta cómodo, y a menudo eso significa en la siguiente cita y no esa misma tarde.
El material también importa: liso, fácil de limpiar y elegido de antemano. No publico una lista de medidas. Si tienes algo en mente, anótalo en tu perfil del Safe Room, junto a tu lista de prácticas preferidas, y lo hablamos antes de la sesión.
Preparación e higiene
Una buena preparación te quita la mitad de los nervios. Ven recién duchado, sobrio y sin un tren que tomar justo después; todo lo demás lo aclaramos de antemano, no cuando ya estás en la sala.
Por mi parte: guantes desechables y un material limpio y desinfectado antes de cada sesión. Trabajo sin prisas y nunca más allá de lo que acordamos. Avísame con antelación de cualquier molestia o lesión en esa zona, de enfermedades intestinales, de intervenciones recientes o de medicación anticoagulante; entonces adapto el plan o ese día prescindimos de ello. Los elementos clínicos relacionados, como el tratamiento anal y la dilatación anal, los describo en juego clínico.
Dos señales, no una
Para esta práctica acordamos, además de tu palabra de seguridad, una segunda señal, más discreta. La palabra de seguridad lo detiene todo de inmediato; la señal discreta solo significa más despacio. Un dolor que se sienta agudo o extraño no es aquí una muestra de entrega: es un motivo para parar, y me lo dices en el acto.
Un límite que fijas de antemano se queda donde está; no lo muevo durante la sesión. Ni coito ni sexo oral. Mi lista completa de tabúes, y lo que ocurre cuando se interrumpe una sesión, los explico en límites y seguridad.
Entrenamiento a lo largo de varias sesiones
Algunos visitantes quieren una sola experiencia; otros, un entrenamiento gradual. Para lo segundo planifico por etapas: cada sesión se apoya en la anterior, pero retoma el trabajo un paso antes de donde aquella se quedó, para que nada se precipite. Las semanas intermedias forman parte del entrenamiento. Después me envías una nota a través del Safe Room, y a partir de ella preparo la siguiente cita. A qué ritmo se avanza lo decido yo, no tu impaciencia.
El strap-on también puede formar parte de un papel, por ejemplo en el entrenamiento sissy, que tiene una duración mínima de 90 minutos.
Suplemento y reserva
El strap-on suma 100 € a la tarifa por hora. Una hora que empieza a las 16:00 cuesta, por tanto, 350 €; una que empieza a las 20:00 o más tarde, 400 €. La dilatación anal, si la incluimos, suma otros 100 €. En todos los casos se añade el alquiler de la sala, que pagas directamente al Studio 60 cuando reservas allí tu sala.
El anticipo, el pago y los ejemplos de cálculo están en precios y reserva. Cuando estés listo, elige tu cita y, si es tu primera vez, escribe first time en tu mensaje.